Apertura económica, empleo y cadenas de valor

Una lectura desde el enfoque de género

La apertura comercial ha puesto en evidencia la ineficiencia productiva. La competencia internacional ha obligado a enfrentar procesos de cambios continuos. Las exigencias comerciales y económicas del mundo de hoy han hecho que los actores económicos requieran contar con mecanismos que les permitan responder a las exigencias del entorno actual, incrementar su competitividad y contribuir a disminuir la pobreza extrema y desigualdad social como características del mercado.

La complejidad organizacional que aborda la resolución de problemas emergentes en este momento y la velocidad de respuesta, la sincronización de actividades, la reducción de costos, el aprovechamiento al máximo de los recursos y los ciclos cortos para innovar se convierten en las piezas clave que
significan la eficiencia en la lucha por la supervivencia, y son necesarias para dar respuesta a las modificaciones que el entorno socio económico actual
impone.

Si bien, el desarrollo económico es el factor desencadenante de las cadenas de valor, vistas como una estrategia empresarial, se puede afirmar que desde el punto de vista socioeconómico y el enfoque de género incluyente, el propósito de toda cadena de valor debe ser contribuir a disminuir la pobreza extrema y la desigualdad social.

Por lo tanto, a la economía feminista crítica no sólo le interesa conocer cifras desagregadas que demuestren los roles que desempeñan hombres y mujeres en las cadenas de valor, sino profundizar e indicar el cómo o la forma de romper las estructuras o esquemas socioculturales y las obsoletas relaciones de poder.

Complementariamente, las brechas salariales y la segregación ocupacional como los dos grandes problemas de las mujeres en el actual mercado laboral, al menos en Nicaragua, son el resultado de la falta de coordinación y visión entre las políticas y estrategias de desarrollo nacional y territorial con los instrumentos comerciales que se utilizan.

En la mayoría de las ocasiones, las mismas se encuentran aisladas y fuera de un contexto de desarrollo económico y social, no incluyéndose el papel de la mujer como promotora de los procesos y las cadenas de producción.

El documento “¿La apertura económica ha generado más y mejores empleos para las mujeres del Istmo Centroamericano? (I. Espinoza, 2009) evidencia
como las desigualdades de género en la inserción laboral están vinculadas al mercado internacional.

En el caso específico del sector agropecuario y rural, se destaca que “en todos los países de la región, los hombres registran las mayores tasas de actividad económica en el área rural, en cambio las mujeres lo hacen en el área urbana.

Comportamiento probablemente ligado a las oportunidades laborales que ofrecen las áreas urbanas y rurales a hombres y mujeres, en función de las concepciones sociales sobre los trabajos que pueden ellos y ellas”.

Tradicionalmente, las intervenciones que buscan apoyar el desarrollo del sector productivo se han centrado en el aumento de los sistemas de producción por medio de programas de reforma agraria, crédito, investigación, asistencia técnica, entre otros. Este tipo de intervenciones, por lo general, han resultado en un aumento en la producción y la productividad del sector permitiendo así mejoras sustanciales en la oferta de productos básicos agropecuarios.

De esta forma, los aumentos productivos si han abaratado el costo de alimentos para segmentos importantes de la población urbana, pero no han generado mejoras sostenibles en los ingresos de productores ni de las poblaciones rurales, y tampoco han contribuido a reducir los niveles de pobreza
rural.

Consecuentemente, para lograr una reducción efectiva en los niveles de pobreza rural se requiere pensar más allá de la productividad e incorporar
políticas y estrategias dirigidas a erradicar los factores estructurales comunes que restringen el acceso equitativo a recursos productivos en cantidad y
calidad suficientes para dar respuesta a las necesidades de reproducción y de bienestar social y económico, constituyéndose en las causas de la pobreza y la marginación en que se desenvuelven las familias campesinas, y en su contexto las mujeres rurales, principalmente.

Licda. Tania Vanegas Altamirano
Comercio y Ambiente
Centro Humboldt